-Nana!!! Nana!!! Fue lo primero que oà al despertar, al abrir los ojos solo vi sus caras asustadas mirándome e intentando ponerme en pie.Sentà como una lágrima tibia rodaba por mi mejilla, pero no entendÃa porque o no lo querÃa entender.
-Estas bien?. Dime algo!
Pero no acertaba a pronunciar palabra; SentÃa un nudo en mi garganta que me dolÃa cada vez que intentaba respirar creo que era mi corazón roto en mil partes el que no me permitÃa hablar. Solo podÃa mirar alrededor mientras me sentaba en un sillón, paseando mi vista en los presentes; Isabel y Bernardo estaban tan serenos después de darme la noticia que un momento llegue a creer que lo habÃa soñado, tenÃan sus ojos azules fijos en mi, pero no se movÃan, no pude evitar recordar la primera vez que los vi, recuerdo que siempre me asombro su templanza y su porte elegante y aun en esos momentos seguÃan dando esa impresión.
Luego lo vi a él, sentado junto a mi rodeando mi cintura con su mano, se veÃa extrañamente hermoso, su tez pálida, sus ojos azules mirando a la nada y sus facciones perfectas desencajaban con las lagrimas que caÃan en su regazo, tenia un gesto algo extraño como si la desesperación que sentÃa se hubiera convertido en impotencia o en culpa por ser el centro de tan dolorosa escena.
Yo no tenia la fortaleza de pronunciar palabra alguna, sabÃa que si lo intentaba solo seria sollozos los que saldrÃan de mi boca asà que solo pude dar vuelta y abrazarlo; Hundà mi cabeza en su hombro y rodee su cuello con mis brazos , no hacia ruido algún, solo sentÃa las lágrimas escapar de mis ojos y se estrellaban en su cuello, ahà note que sus lágrimas hacÃan lo mismo en mi, sentà mi cuello mojado, pero cada lágrima que caÃa era como la peor puñalada de dolor que pudiera sentir, como cuando el amor de tu vida se aleja y tu solo puedes decirle adiós.
No se cuanto tiempo estuvimos asÃ, pudieron ser horas o tal vez solo segundos, el tiempo era tan poco importante… solo se que cuando separe mis brazos solo estábamos el y yo en aquella habitación. Limpie mis lagrimas con mis manos para poder mirarlo a los ojos, pero no sabia si seria capaz de hacerlo… asà que subà la mirada lentamente hasta llegar a sus ojos, me miraba fijamente pero en sus ojos habÃa algo extraño como si necesitara que rompiera el silencio doloroso en que nos habÃamos sumido, pero yo no sabia que decir… solo un pensamiento cruzó mi mente en ese momento asà que lo dije en voz alta:
- No te preocupes, hemos pasado por cosas difÃciles y aun estamos juntos, asà que ahora más que nunca seguiremos siendo uno.
El agacho la mirada, no sabia por que, tal vez eso no era lo que querÃa oÃr… luego lo supe… sentÃa culpa por lo que pasarÃa después…
Esa reacción de su parte me dejo desconcertada asà que me levante y Salà al balcón trataba de despejar mi mente y entender por que se comportaba asÃ. No noté cuando llego a donde yo estaba solo sentà su cuerpo cerca al mÃo, sus brazos rodeándome, su pecho y el latido fuerte de su corazón en mi espalda, su cabeza sobre mi hombro, fue el abrazo más tierno que llegue a sentir, pero también el que mas querÃa que durara, no soportaba la idea de que podrÃa ser uno de los últimos.
A pesar de todo lo que me habÃan dicho y de las interminables conversaciones sobre el tema mi conciencia se negaba a creer lo que escuchaba; no podÃa creer que la persona que mas amaba la razón de mi vida se iba a ir de mi lado para siempre, las discusiones se me hacÃan cada vez mas insensibles solo se hablaba de tiempo 6 u 8 meses como mucho, mi vida tenia el tiempo contado…
Asà pasaban los dÃas, la primera semana solo intentábamos seguir sin pensar en eso pero cada vez era mas difÃcil, los constantes viajes a la sala de oncologÃa, las listas interminables de medicamentos y los no menos cuidados que debÃamos tener eran cada vez peores, eran algo que no nos permitÃa olvidar, algo que cada dÃa nos gritaba: “DEBES HACERTE A LA IDEA”
Alguna vez a las dos semanas de enterarme llegue a su casa en uno de las ya constantes escapadas del colegio, eran escasamente las 8 de la mañana y lo encontré durmiendo, se veÃa tan placido que solo me senté admirando su belleza que mas parecÃa la de un Angel que la de cualquier mortal, esa misma belleza que me hacia pensar que a pesar del tiempo que llevábamos juntos no lograba entender como un ser tan perfecto podÃa estar conmigo. Pero aleje rápidamente aquellos pensamientos de mi mente, me dolÃa pensar que no sabia cuanto tiempo mas podÃa durar y solo me limite a admirarlo, su 1.70 de estatura, su piel pálida, su cabello rubio y su figura atlética que generalmente lo hacÃan ver fuerte contrastaba con lo frágil que era ahora. Sin darme cuenta me topé son sus ojos ya abiertos que me veÃan desde la cama, aquellos ojos azules que reflejaban la confianza y la jovialidad que reforzaban la mirada de fuego que solÃa tener ahora dÃa a dÃa se habÃa ido apagando, ya no tenia el mismo brillo y eran enmarcados por unas ojeras azules que resaltaban en su pálida piel pero que de igual forma hacÃan que se viera bien.
El al ver que yo no pronunciaba palabra alguna estiro su mano hacia mÃ, mientras que su voz me decÃa:
- Ven vida mÃa, quédate aquà conmigo…
Como ignorar aquella frase que me llegaba al fondo del alma y que parecÃa que leyera mi mente? asà que me acosté a su lado, él casi no se movÃa era uno de esos dÃas malos, solo me miraba, yo sabia que él querÃa salir de allà pero el cuerpo no le respondÃa, solo pudo poner nuestras canciones aquellas que un dÃa interpretara en aquel piano que tenia en esa misma habitación, cada nota era como el presagio del dolor que podrÃa llegar a sentir… Solo lo podÃa ver a los ojos que ahora por el cansancio se querÃan cerrar, entonces puse mi mano en su mejilla ahora mas pálida y frÃa que antes, y asà se durmió, se veÃa tan feliz… y recordando como nos conocimos me dormÃ…
No sabia cuanto tiempo habÃa pasado, me desperté asustada al escuchar un leve gemido de dolor saliendo de algún lado, mire a mi lado pero el ya no estaba… corrà al baño y allà lo vi, blanco, frio, sudaba y en la extraña escena de su piel tan blanca como las paredes solo resaltaba un charco rojo de sangre que le salÃa a borbotones por la boca… me acerque aterrorizada no sabia que le pasaba pero lo peor ya habÃa pasado, solo un ultimo vomito rojo salió esta vez, levanto la cara clavando su mirada en mi, era una mirada que suplicaba perdón, pero sin esperar a que dijera algo le tome la cara entre mis manos y le di un suave beso en la frente, querÃa que entendiera que pasara lo que pasara nunca lo dejarÃa… me arrodille en medio de la sangre y él puso su cabeza en mi regazo, sabia que no me importaba nada, solo lograba oÃr su respiración pausada y difÃcil; Asà permanecimos un rato los dos tumbados en el piso del baño hasta que tuvo la fuerza de levantarse, lo lleve a la cama y sentado espero mientras que con una toalla húmeda lo limpiaba y cambiaba sus ropas por unas limpias. Cuando terminaba de limpiarlo note una gota en mi mano, era él, estaba llorando… sin levantar la cara solo me dijo:
- Vete, no te mereces pasar por esto, te juro que si te vas te entenderé… no quiero que me tengas lástima…
-no!- grite desesperada- no digas eso! cállate, no lo digas… Cual lastima?? Te amo… no lo ves??
El por fin me miro y cuando vio la ropa llena de sangre supo que no me alejarÃa y luego sonrió.
-Discúlpame. No debo, no quiero hacerte sufrir… esta bien… solo júrame que si un dÃa te cansas te iras sin pensar y sin mirar atrás.
-Te lo juro- dije sin dudar- eso no va a pasar.
Se levantó y me beso, sentà el calor, el amor que recorrÃa mi cuerpo, sentà mi corazón acelerarse y mi respiración entrecortarse tal como la primera vez, pero me aleje de él… no era un buen dÃa.
Dos meses más pasaron , él no salÃa de casa su salud no se lo permitÃa, ya no veÃa a sus amigos solo estábamos sus padres y yo. Aunque sus amigos lo llamaban todos los dÃas y lo visitaban muy, muy seguido él habÃa decidido no recibirlos, era duro para él que lo vieran asÃ… Cuando salimos por primera vez en tanto tiempo él ya era otro, ocultaba su cuerpo, y su piel a la vista de los demás, no dejaba su cabeza descubierta pues ya no tenÃa cabello y ocultaba sus ojos con lentes oscuros… ya nada era igual.
Intentaba valerse por si mismo pero yo sabia que no lo lograba asà que me habÃa convertido en su sombra, no seria capaz de dejarlo solo, seria su bastón si no podÃa caminar y su cordura por si un dÃa la perdÃa. No me interesaba en lo mas mÃnimo mi vida… mi vida era el… cada dÃa salÃa de mi casa al colegio pero nunca llegaba, me recogÃan para estar con él, mis amigas hacÃan mis trabajos y volvÃa a mi casa muy tarde en la noche con la excusa firmada de un profesor que sabia lo que pasaba y me ayudaba. Si no comÃa por estar con él no importaba; si no dormÃa por vigilar que siguiera respirando lo hacia; si tenia que ocultar el dolor de mi rostro y dejar que me matara por dentro sin dudarlo lo hacÃa.
Al dÃa siguiente cuando llegue a verlo parecÃa totalmente recuperado, si no supiera que estaba enfermo no lo creerÃa. Ya se podÃa levantar sin ayuda hasta parecÃa que sus ojos brillaban otra vez, me saludo dulce y efusivamente y ahà en su cuarto se arrodillo frente a mà y tomando de mis manos me dijo:
-Nana… mi nana… se que este no es el mejor momento, también se que tal vez me voy a morir pero quiero cumplir un deseo.
-Dime mi nano.
Tienes todo el derecho de decirme que no, también se que te conozco lo suficiente para saber que no lo harÃas por lastima… Quieres casarte conmigo?
Aquella proposición me dejo en shock, sabia que el me amaba pero no lo imagine en esas. L a emoción me dejo muda, Él un poco asustado ante mi silencio se levantó y tomando mi rostro con sus manos fijó sus ojos en los mÃos y me dijo:
-Si no quieres… no. Eres muy joven aun… solo creÃ…- no lo deje continuar mi respuesta fue un rotundo “SI” sellado con un beso. Y asà fue, pasados tres dÃas me case con él, las cosas fueron rápido, fue matrimonio civil y solo recuerdo pocas cosas como que tuvimos que hacer cosas no muy legales para que me emanciparan y lograrlo, otro recuerdo que tengo presente es verlo a él sonriéndome y a sus papas muy felices… Todo tuvo que ser escondido, y pudimos convivir juntos poco menos de una semana hasta donde su salud lo permitÃa…
Los meses siguientes no fueron nada buenos las constantes recaÃdas se hacÃan cada vez mas frecuentes, el tiempo se acababa…
Hasta que llegó aquel dÃa… el dÃa en que lo perdÃ…
Llegue a su casa como siempre pero lo que halle fue el apocalipsis… todos gritaban y golpeaban a la puerta del cuarto. Ante aquella escena sentà como el piso se separaba de mis pies y me vi cayendo por un pozo al que no le veÃa fin. Corrà a la puerta de cuarto en donde Isabel y Bernardo gritaban, vi un médico que hablaba por celular, en sus ojos se veÃa lo que decÃa… era el final…
Sentà como las lágrimas caÃan incesantes por mi rostro, me pegue a la puerta y solo pude decir tratando de acallar los sollozos y sonar calmada sin mucho éxito: - Nano, soy yo… tu nana… abre por favor.
Oà un leve gemido, como el que escuchara en otros tiempos pero ahora más frágil y sentido. Escuche aquella puerta que se abrÃa lentamente pero solo vi que su cuerpo se abalanzaba sobre el mÃo, sentà su piel frÃa, su sudor en la frente y una cascada tibia mojaba mi pecho, y su fuerte abrazo rodeándome como si quisiera aferrarse para impedir la partida. El medico y Bernardo lo agarraron para evitar que cayéramos e Isabel me tomo por los hombros y todos volvimos al cuarto en el que podÃa sentir que aquel olor metálico y dulzón de la sangre me llenaba los pulmones y marcaba un camino chorreante del baño a la puerta.
Lo colocaron sobre la cama mientras el médico llamaba a emergencias, los papás se tiraron de rodillas al piso y lo abrazaban… yo seguà parada junto a la puerta, no sabia que hacer, querÃa correr a su regazo pero el cuerpo se negaba a responderme… Todos sabÃamos que ya era la hora, en medio del dolor que me desgarraba el pecho, solo podÃa oÃr la despedida de Isabel y Bernardo a su único hijo, cada palabra era como si me quitaran una parte del cuerpo, pero luego oà su voz que a pesar del dolor que sabia que sentÃa seguÃa sonando como el canto de un Angel, encerrando toda la melancolÃa y el dolor que implica separarse de sus amados… Pero entre todo lo que pasaba creo que se habÃan hecho a la idea , solo se dedicaban a acariciar, mirar y besar a ese hijo que se iba para no volver…
Isabel se levantó entendiendo que mi cuerpo no me respondÃa me llevó junto a él, las lágrimas en mis ojos no me dejaban ver, asà que mi único movimiento fue para apartarlas de mis ojos, luego lo vi con los labios rojos… era sangre… Sentà como sus manos tomaban las mÃas y yo repase por última vez sus facciones perfectas, su cara girada hacia mi, su piel traslúcida casi transparente y sus ojos que solÃan ser azules ahora tenÃan un color agua marina fijos en mi… tratábamos de decirnos en una mirada todo el amor que nos tenÃamos y que las palabras no alcanzaban a explicar, y oà que con un leve susurro me decÃa:
-Me amas??
-Más que a mi vida- dije y mirando al cielo suplique entre sollozos- Dios llévame a mi no a él!!!
-No digas eso… yo prepararé el camino para ti… te aseguro que te esperare al otro lado…
-Llévame de una vez- lloré.
-No… tienes que prometerme que serás feliz y vivirás la vida…- dijo casi suspirando
-Te amo. No me dejes por favor…
-Esposa mÃa… Me hiciste el hombre más feliz del mundo… Te amo… Prométemelo…
-Te lo juro… no te dejare de amar…
-Ni yo a ti… - tosió- no puedo mas…
-Por ti lo dejarÃa todo… Ven a visitarme … si?- sabia que era egoÃsta pedir eso pero no querÃa alejarme de él.
-Todo el dÃa, todos los dÃas… no me separare de ti…
Los papas sabiendo que era el momento solo le dijeron:
-Te amamos…
-Y yo a ustedes…- suspiro pasando su mirada entre los tres y sonriendo al final…
Y ese fue el final… Ahà tendido en una cama quedó mi corazón, mi alma y mi vida… No podÃa creer que eso era todo… Bernardo e Isabel lloraron abrazados, y yo por primera vez en mucho tiempo me sentà sola e incompleta… Me acerque a él y lo besé en la boca tratando de sentir su respiración, o el latido de su corazón, pero todo fue en vano, asà que hundà mi cara en su cuello sintiendo su aroma y el sabor de la muerte en la boca.
Han pasado 7 años desde aquel dÃa… quede vida a las 16 y ahora con 23 no logro entender porque mi esposo… mi nano… mi Fabián… tenÃa que morir de Cáncer con solo 19 años… y aun me pregunto por que aun no viene por mi?
Pero por más que pienso no hallo respuesta a una pregunta:
¿Porque los que se aman pelean y nunca más se vuelven a ver? Si yo darÃa mi vida entera solo por tenerlo un segundo más junto a mÃ…
Por
Marcelita Pantano
Marcelita Pantano
--











